¿Savia?

Me agrada la idea que al hacer vibrar el instrumento […] estamos devolviendo la vida a la madera.
Clarinete antiguo
Clarinete de madera

Siempre me ha llamado fuertemente la atención el potencial sonoro que tiene la madera. Aunque es posible hacer instrumentos musicales prácticamente de cualquier material (¡hasta de frutas!), es indiscutible la exquisita sonoridad de la madera.

La parte “triste” de la historia es que para que la madera sirva para un instrumento musical, debe secarse. Esto significa que la savia, ese líquido que daba vida a la planta o árbol, la “sangre” de la madera, debe extraerse.

Me agrada la idea que al hacer vibrar el instrumento con música, de alguna forma estamos devolviendo la vida a la madera seca. Esas vibraciones, cargadas de tantas emociones y semántica, son como la savia dando vida a la madera y con ello al entorno entero. De alguna forma, esta nueva “sangre” de la madera fluye aceleradamente con alegría o se derrama patéticamente con dolor; grita, gruñe, ríe, susurra, gime y, en el espacio de los silencios que intercalan el sonido, se conectan con todos y con nadie a la vez.

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